La fibromialgia es famosa por el dolor generalizado y la fatiga abrumadora, pero hay un síntoma que a menudo pasa desapercibido para quienes no la padecen: la hipersensibilidad sensorial. Para una persona con fibromialgia, el mundo se convierte en un lugar ruidoso, brillante, oloroso y con temperaturas extremas, donde los estímulos cotidianos pueden ser una fuente de dolor, agotamiento y malestar severo.
Esta amplificación sensorial no es una exageración o una «manía». Es una parte real y debilitante de la enfermedad, ligada a la sensibilización central, un mecanismo por el cual el cerebro y el sistema nervioso procesan las señales de forma anómala, volviéndose hipersensibles. Lo que para otros es un leve inconveniente, para alguien con fibromialgia puede ser una tortura.
Los Sentidos Amplificados: Un Mundo Abrasivo
Imagina que cada sentido tiene el volumen al máximo. Así puede sentirse vivir con fibromialgia:
Sensibilidad al Ruido (Hiperacusia o Misofonía): Un simple murmullo en una oficina, el tráfico de la calle, el timbre del teléfono o incluso una conversación normal pueden sentirse como un estruendo insoportable. Los ruidos inesperados o agudos pueden provocar sobresaltos, ansiedad, dolor de cabeza o un aumento del dolor generalizado.
- Sensibilidad a la Luz (Fotofobia): La luz del sol brillante, las luces fluorescentes de un supermercado, o incluso la pantalla del ordenador o el móvil, pueden causar dolor de cabeza, migrañas, mareos o una fatiga visual extrema. La necesidad de gafas de sol, incluso en interiores, es común.
- Sensibilidad a los Olores (Hiperosmia o Sensibilidad Química Múltiple – SQM): Perfumes, productos de limpieza, humos de cocina, gasolina, ambientadores o el olor a tabaco pueden desencadenar náuseas, migrañas, mareos, dificultad para respirar, dolor de garganta, o una sensación de intoxicación. Esta hipersensibilidad a los químicos es tan significativa que, en algunos casos, puede solaparse o ser un síntoma de la Sensibilidad Química Múltiple (SQM).
- Sensibilidad a la Temperatura: Tanto el frío como el calor extremo pueden ser intolerables. Un cambio brusco de temperatura, el aire acondicionado o una corriente de aire pueden provocar rigidez muscular, dolor intenso o exacerbación de la fatiga. Regular la temperatura corporal se vuelve una lucha constante.
- Sensibilidad Táctil (Alodinia): El tacto que para otros es normal, como la ropa rozando la piel, una caricia o incluso la presión de una silla, puede ser doloroso o extremadamente molesto. El simple hecho de que algo toque su piel puede sentirse como una quemadura o un golpe.
La Conexión con la Sensibilidad Química Múltiple (SQM) y la Electrohipersensibilidad (EHS)
Es importante destacar que la hipersensibilidad sensorial de la fibromialgia a menudo comparte características con otras condiciones crónicas que también implican sensibilización central:
- Sensibilidad Química Múltiple (SQM): Se define por la aparición de síntomas recurrentes y específicos ante la exposición a bajas dosis de sustancias químicas presentes en el ambiente, a niveles que no afectan a la población general. Muchos pacientes con fibromialgia experimentan grados variables de SQM, siendo la intolerancia a perfumes, productos de limpieza o ambientadores muy común.
- Electrohipersensibilidad (EHS): Aunque menos reconocida científicamente, un subgrupo de personas con fibromialgia reporta síntomas (dolores de cabeza, fatiga, mareos, problemas de concentración) al exponerse a campos electromagnéticos de baja intensidad, como los de Wi-Fi, teléfonos móviles o antenas.
Estrategias de Adaptación para un Mundo Menos Abrasivo
Si vives con fibromialgia y experimentas esta hipersensibilidad, o si convives con alguien que la padece, estas estrategias pueden ayudar:
- Identifica tus Desencadenantes: Lleva un diario para registrar qué estímulos (ruido, luz, olor, temperatura) te afectan y con qué intensidad. Esto te ayudará a anticipar y evitar situaciones.
- Crea un Refugio Seguro en Casa:
- Luz: Utiliza cortinas opacas, reguladores de intensidad (dimmers) y lámparas con luz cálida. Evita las luces fluorescentes.
- Ruido: Invierte en tapones para los oídos de buena calidad, auriculares con cancelación de ruido o máquinas de ruido blanco. Crea espacios silenciosos.
- Olores: Opta por productos de limpieza sin fragancia, cosméticos naturales, y pide a los visitantes que eviten el uso de perfumes. Ventila regularmente.
- Temperatura: Ten siempre a mano capas de ropa, mantas o ventiladores/calentadores para mantener una temperatura corporal confortable.
- Protección Fuera de Casa:
- Gafas de sol: Úsalas incluso en días nublados o en interiores con luces brillantes.
- Auriculares/Tapones: Llévalos contigo para usarlos en ambientes ruidosos (tiendas, transporte público).
- Evita lo Evitable: Si sabes que un restaurante tiene luces muy brillantes o un amigo usa mucho perfume, busca alternativas o comunica tus necesidades con antelación.
- Conducción: Evita conducir en horas de mucho tráfico o en condiciones de luz muy intensa si te afecta.
- Comunica tus Necesidades:
- Explica a familiares y amigos que tu sensibilidad no es una elección. Pídeles su colaboración (bajar el volumen, no usar perfume cuando te visiten).
- En el trabajo, si es posible, busca adaptaciones en tu entorno (iluminación, ubicación, uso de auriculares).
- Técnicas de Relajación y Manejo del Estrés:
- La meditación, el mindfulness o la respiración profunda pueden ayudar a calmar el sistema nervioso y a reducir la hipersensibilidad general.
- Profesionales de la Salud:
- Habla con tu médico sobre estas sensibilidades. En algunos casos, un audiólogo, un oftalmólogo o un neurólogo pueden ofrecer estrategias específicas. La terapia ocupacional puede ayudar a desarrollar estrategias de afrontamiento y adaptación.
La hipersensibilidad sensorial es un aspecto significativo de la fibromialgia que a menudo se subestima. Reconocerla, validarla y desarrollar estrategias de adaptación es crucial para mejorar la calidad de vida. No estás exagerando; tu cuerpo simplemente percibe el mundo con una intensidad que requiere comprensión y ajustes. Al tomar el control sobre tu entorno sensorial, puedes reducir la sobrecarga y encontrar un poco más de paz en tu día a día.
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